miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ya Se Acerca Naviidad...Lalalalalala♪

Buenoo ahoraa Estamos Preparando cosas para la Llegada de Laa Naviidad!!!! Estoyy muy Feliz :) AMO LA NAVIDAD
Me encanta Pasala con Mii Familiia y Amiigoss. Brindemoss Pre ese Momento!!Jajaja En las Fiestass Nosotros Salimoss a mirar los Fuegos Artficiales y Nos reimos de Todo  Pero Tambienn Compartimos una Mesaa Navideña !! Jajaja Ademas Siempre Piensoo que ese diaa es muy Especia Por que Viene en Niñiito Jesus Al Mundo!!  Awww no me cansare de decirloo Amoo Estaaa Fecha
Aaaahh Si Noss los Veoo :) Felizzz Naviidaad y Prosspero Añoo Nuevo!! >.<

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………...*/ | \*                     FELIZ NAVIDAD
……......**♫**                                Y
……...,*•'*♥*'•*,             PROSPERO AÑO NUEVO!
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… * , • Merry' • , * ' 
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' ' • .. Christmas.. • ' ' ' 
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 PASENLAA SUPERR CHEVERE
Peroo Avesess me Pregunto... No todos Pasan asi su Navidad por lo que preguntoo...Comoo Pasan Navidad Ustedes??

El Secreto de Los Federales



INDICE
  • El Secreto de los Federales
  • Prólogo
  • Capítulo I
  • Capítulo II
  • Capítulo III
  • Capítulo IV
  • Capítulo V
  • Capítulo VI
  • Capítulo VII
  • Capítulo VIII
  • Capítulo IX
  • Capítulo X
  • Capitulo XI

El Secreto de los Federales


Prologo

En una noche fría Santiago emprende un viaje que lo llevaría a cruzarse con su destino. Él está en busca de Juan Manuel de Rosas quien guarda un obscuro secreto que luego será conocido por Santiago. Quien enfrenta a lo largo de la historia la pérdida de su prometida Evangelina, la pelea con sus padres y la maldita suerte de convertirse en el ayudante de un Vampiro. 
Es así que su forma de ser cambia rotundamente a causa de la desesperación que siente después de la perdida de la persona a la que ama más que a su vida. El cambia para mal, se hace frio y sin sentimientos. No tiene respeto por su vida ni por la de los demás ya que solo tiene deseos de matar y de vengarse. Pero todo esto le pasa luego de convertirse en el malvado ayudante de Rosas, quien en realidad era un vampiro sediento de sangre.
Solo después de encontrar a una muchacha que se parecía a  su amada decide acabar con el mal que estaba causando. Pero para ello debía revelarse ante Rosas, quien tiene en mente un plan para alimentarse destruyendo así la vida de la joven que era idéntica a Evangelina. Pero Santiago no puede tolerarlo y se impone ante Rosas. Buscando así la forma de matarlo y acabar con su tormento. Logra matar a Rosas, pero este antes de morir lo había mordido transformando a Santiago en un Vampiro. Pero este no quería vivir siendo vampiro por lo que decide quitarse la vida...    

 


Capitulo I

Noviembre de 1817, me encontraba caminado por las frías y oscuras calles de Buenos Aires. Mire a mí alrededor y note que era la única persona. No preste demasiada atención, y seguí caminando.  En mi camino los faroles se apagaban con el viento y las hojas de los aboles bramaban. Y sin darme cuenta  llegue a un lugar en donde la tranquilidad era acogedora. Cruce la puerta y empecé a sentir un resplandor  de gloria  y plenitud que abarcaba mi alma, me sentí tan bien que no podría describirlo en simples palabras. Aquel lugar se me hacía tan familiar, pero era algo extraño ya que no recuerdo haber estado en él. De repente se apareció ante mí un hombre. Tenía el  uniforme de los infernales, me sentí a salvo. Al mirarlo note que tenía un de sus ojos de color café y otro verde, Supuse que le incomodaba mi presencia. Ya que me miro con desprecio, entonces se  me acerco y dijo:
-¿Qué hace usted en a estas horas de la noche rondando por aquí?- Lo dijo con desconfianza agarrando sus armas. No sabía si responder a aquel extraño hombre pero sin pensarlo las palabras fluyeron de mi boca.
-Estoy en busca del coronel Juan Manuel de Rosas.- No entendía lo que había pasado, me quede inmóvil y sin poder decir una sola palabra. Entonces el hombre se me acerco más y dijo:
-¿Quién eres tú? Y ¿Para que buscas al coronel?- me miró fijamente a los ojos y se paró en posición de firme bloqueando la entrada. Lo mire con firmeza y dije:
-Soy Santiago de la Paz y necesito habar con el Coronel Rosas ¿Dónde se encuentra?-Esta vez mi voz tomo un tono grave y yo fruñí  las cejas. El hombre me miro con admiración y contesto:
-Pues si vienes en busca de Rosas, te desilusionaras, pues él no está aquí- .Pensé un segundo y pedí que me dijese donde se había ido. El hombre tardo en contestar, se notaba que no confiaba en mí. Y parecía que él creía que yo pertenecía a los enemigos.  Pues no lo dudo en su lugar yo no hubiese rebelado tal información a cualquiera. Pero luego el hombre me miró fijamente a los ojos y me dijo:
-El coronel Rosas... Te diré donde se encuentra; pero no es culpa mía si él no quiere recibirte.- Me lo dijo como si estuviese seguro de que me rechazaría. No me importo y seguí escuchando, pero el hombre hizo una pausa. Fue entonces que dije:
-Vamos hombre dime ¿dónde se encuentra?-Mi tono de voz subió y me enfade pero el hombre no se alertó. Y siguió diciendo:
-Está bien mi buen hombre le diré, pero recuerde lo que le he dicho. El capitán no recibe a cualquiera. Él se encuentra en el monasterio abandonado de La Boca.-Me lo dijo como si fuese a asustarme, pero no, no me asustaría por eso. -Qué miedo me puede dar una iglesia abandonada-Me despedí y partí a toda prisa rumbo a aquel lugar. Necesitaba encontrarlo antes del amanecer. Mi familia no debía enterarse de que yo lo estaba buscando.
Subí a mi caballo, y salí a toda velocidad. No me importaba nada ni nadie solo quería encontrarlo lo más pronto que sea posible. Debía encontrarlo antes de que sea demasiado tarde, pero sabía que no sería fácil de lograr. En mi viaje el tiempo paso volando, sentí que cada hora se hacía minutos. No había ningún ser en las calles, por lo que  el viaje se me hacía corto. Pero en cuanto a la torre el reloj marco las 4:00 am. El amanecer se acercaba cada vez más y yo aún no llegaba mi destino. Tome un atajo e hice más corto mi camino.
Fue así que llegue a aquel monasterio abandonado, tenía una apariencia tétrica-a cualquiera le hubiera dado terror entrar allí-, me arme de valor y entre. Cruce una puerta de rejas negras, que estaban torcidas y un poco oxidadas. Al entrar note que los crucifijos estaban al revés, las ventanas estaban cubiertas por cortinas rojas y todo el lugar estaba cubierto por telas de araña. Me adentre un poco más, y de pronto sentí que alguien se escabullo a mis espaldas. Me asuste-en ese momento quise salir lo más pronto de aquel lugar- pero no me iba a ir, mi propósito era más importante que cualquier cosa que hubiese sido aquella que me aterrorizo. Entonces empecé a llamar a Rosas.
-¿Capitán Rosas se encuentra aquí? ¡Responda! Necesito hablar con usted. Quiero que me diga si fue usted el que mando a matar a mi primo Felipe de la Paz.-Me había armado de valor para llegar hasta ahí y nada me haría volver pero de repente sentí una voz que decía.
-¿Qué haces aquí? Sera mejor que te vayas no quiero ver a nadie.-Era una voz espantosa no supe si era Rosas o que terrible ser seria el que me estaría hablando. Necesitaba que me dijese si fue él el maldito que mando a matar a mi inocente primo. Entonces le conteste.
-Sal de donde te escondes, quiero hablar contigo como hombres no seas cobarde y da la cara. No he venido hasta aquí para nada,-Una fuerza en mi interior me ayudaba. Pero me intrigaba saber por qué Rosas se ocultaba de mí. Y entonces me contesto.
-No saldré y es mejor que te vayas de aquí, te lo digo por tu bien. ¡Vete pronto, estoy muy ocupado!-Me moleste y trate de buscar el lugar en donde se ocultaba. Pero cuando me acerque al altar algo me ataco por la espalda. No supe bien que era aquella cosa que me ataco y cuando lo mire note que  no tenía apariencia de humano. Me tiro contra el piso de una forma tan brutal que me golpee la cabeza con unos candelabros que se encontraban tirados. Trate de quitarlo de arriba mío, pero me fue imposible. Ese ser me miro a la cara y dijo:
-Te lo advertí, no me hiciste caso así que ahora te tocara morir.- Abrió su boca y en ella sus colmillos empezaban a crecer. Me asuste y rápidamente lo quite de arriba mío. Él se paró y me levanto por adelante. Me sostuvo en el aire unos segundos y me tiro contra la pared. Luego sin darme cuenta mi cuerpo había caído sobre unos pedazos de vidrio roto y empecé a sangrar. Aquel extraño ser se me estaba acercando cuando de pronto se escabullo y me dejo tirado en un charco de mi propia sangre. Fue así que me quede inconsciente.
Lo último que había visto antes de quedar inconsciente fue un rayo de luz que entraba por una ventana de aquel viejo y abandonado monasterio. Entonces supuse que ese rayo fue el que espanto a aquel horrible ser de la obscuridad...





Capitulo II

   No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero cuando desperté vi frente a mí a un hombre que me estaba curando las heridas de aquel enfrentamiento. En ese instante no lo reconocí pero luego me di cuenta de que mi salvador era el fray Francisco, el cura de mi pueblo. No supe como llegue hasta sus manos pero estoy muy agradecido de que me salvara la vida. Trate de levantarme, debía ir a casa, donde mi familia seguramente estaría preocupada por mí, el fray me dijo:
-Hijo mío no agás fuerza, estas muy herido-. Lo dijo ayudándome a recostarme de nuevo. Lo mire y no tuve más remedio que obedecerlo, la verdad estaba muy dolorido. Pero debía agradecerle su gentileza.
-Muchas gracias Fray Francisco por salvarme, no sé qué hubiese sido de mí si usted no me ayudaba.-Lo mire con gratitud y respeto.
-No tienes nada que agradecer hijo mío, es mí deber ayudar a quienes me necesitan, Pero quédate quieto que sino tus heridas no cicatrizaran-. Él estaba lavando unos paños manchados con sangre. Sé que debía descansar pero no podía, estaba muy confundido y necesitaba saber que fue ese ser que me ataco el otro día en el monasterio abandonado. Y como fue que el fray me encontró.
No lo pude evitar estaba demasiado cansado y me quede dormido. Al día siguiente me desperté, gracias a mi amigo el fray me sentía mejor. Había recobrado mis fuerzas y quería ir a casa a ver a mi familia. Me levante, me puse la camisa, el traje y los zapatos. Salí  a la puerta y allí encontré al fray.
-Hijo mío veo que te encuentras mejor. Espero que tus heridas sanen pronto. No olvides curártelas con agua y jabón.- El fray Francisco me dio un abrazo y me despedí,  me dirigí  rápidamente a casa para hablar con mi madre, seguramente ella debía haber estado muy preocupada tras mi ausencia.
Mientras caminaba por las calles seguía pensando en aquel ser, pero tenía una duda, quizás aquella cosa podría haber sido rosas, Pero no que tonterías estaba pensando. Deje correr mucho mi imaginación, mejor sería olvidarme de lo ocurrido. Seguía caminando y sin darme cuenta trómpese  con un gran amigo mío, Martin Azcuénaga. A quien no veía hace mucho tiempo debido a los conflictos que había en el país.
-Hola Santiago como estas hace mucho tiempo que no te veía.- Me dio un fuerte apretón de manos y yo le respondí:
-Martin me da mucho gusto el verte, tienes razón no nos vemos hace mucho tiempo. ¿Que ha sido de ti mi gran amigo?-Entramos en un ambiente de conversación, pero yo no sabía si contarle lo que me había sucedió. Entonces antes de que pueda decirle, el me comento que en las haciendas de la familia Monstesqeaur solo se hablaba  de un hecho lamentable que había presencio la señorita Josefina Monstesqeaur. Me redacto que la hija mayor del señor Monstesqeaur, un día cuando volvía de su paseo diario, escucho un grito que provenía de un callejón sin salida. Ella sabía que no debía ir a ver,  pero con la intriga de saber cuál fue la causa de ese espantoso grito, se adentró en el estrecho callejón. Cuando entro se topó con una muchacha tirada en el frio y húmedo suelo. La muchacha tenía una mirada de perdición, Josefina se congelo al ver tal imagen pero por su educación y devoción no la dejo un minuto más y la cogió en sus brazos. El pálido rostro de la muchacha asustaba cada vez más a la señorita pero no podía dejarla allí. Pero no podía cargarla ella sola, no sabía qué hacer. Estaban ambas postradas en el suelo, cuando de repente la socorrió  un extraño hombre que tomo en sus brazos a la muchacha y se la llevo lo más rápido posible.  Dejando a Josefina en el piso con su elegante vestido todo manchado de sangre. Pero la mancha no le preocupaba, si no  lo que preocupaba era que no supo realmente la causa que llevo a la muchacha a estar lastimada y en el suelo. Además le asombraba que aquel  hombre apareció de la nada y se llevó rápidamente a la muchacha.
Esa noticia me dejo un poco preocupado, así que decidí despedirme de mi amigo he ir a la hacienda de la familia Monstesqeaur. Pero antes debía ir a ver a mi madre, no podía dejarla con angustia.
Volví a mi camino, trate de ir lo más rápido posible y sin interrupciones. Fue fácil llegar a casa. Cuando entre encontré a mi madre sentada en una silla rezando la biblia. Camine hacia ella y me tomo en sus brazos, me dio un beso en la frente y empezó a llorar.
-Madre sepa perdonarme, no debía haberme ido sin su consentimiento.- Las lágrimas brotaban de mis ojos. Abrase muy fuerte a mi madre y ella dijo:
-Dios santo sea glorificado que te encuentras vivo hijo mío. Me tenías muy preocupada Santiago.- Beso su biblia y la dejo a un lado. Me senté junto a ella y sin decir una sola palabra mi madre me acaricio suavemente el rostro. Me quede contemplándola por un segundo y le dije de lo más profundo de mi corazón:
-Madre la amo, gracias por estar siempre cuidando de mí.- Le di un beso en la frente y me fui. Al salir encontré a mi padre, el venía en su caballo. Me miro y sin decir nada me abrazo.
-Hijo que bien que apareciste, llevo toda la mañana buscándote. ¿Dónde habías estado?- No quise contestar, pero mi padre siguió insistiendo. Así que no tuve otro remedio que responder.
-Padre me fui en busca del capitán Rosas.- Su mirada cambio, y me dijo con un tono más alto:
-Para que fuiste en busca de ese maldito. No te he dicho que no quiero que te le acerques.- Su rostro tenía una expresión de decepción. Me sentí mal, entonces dije:
-Padre discúlpeme no quise desobedecerlo pero necesitaba ver la cara del maldito que mando a matar a Javier. Pero no se preocupe por qué no encontré a ese cobarde.- Me lene de honra al saber que después de todo en realidad no desobedecí a mi padre por completo, ya que no vi a Rosas. Pero de repente me acorde que debía ir a ver a mi prometida Evangelina Monstesqeaur. Debía saber cómo se encontraba su hermana Josefina después de lo ocurrido. Me despedí de mi padre y le comente que me iría a ver a Evangelina. Me dio un apretón de manos y me encomendó saludos para mi prometida y su familia. Le agradecí y me retire.
Subí a un caballo y tome rumbo a la hacienda de la familia Monstesqeaur...





Capitulo III

     En la entrada se encontraba Jeffrey, el portero de la familia. Lo salude y pregunte si había visto a la señorita Evangelina y a su hermana. El me respondió:
-Buen día señor Santiago, si las señoritas se encuentran adentro, ¿Quiere que lo anuncie?- Me estrecho la mano. Yo le dije:
-No muchas gracias Jeffrey. ¿Puedo pasar?- Me baje del caballo y se lo llevaron al granero. Entonces el portero respondió:
-Si señor pase por favor- Me abrió la puerta y entre. Me encontraba caminando por el patio cuando pasaron unos pequeños niños corriendo y jugando. Uno de ellos se trómpeso contra mi he hizo una gran sonrisa y siguió corriendo. Al verlos quise ir a jugar con ellos pero cuando levante la mirada vi en la puerta de la casa a mi amada. Estaba con su nana la señora Fischer, Salí corriendo y la abrase. La levante en el aire y le dije que la amaba. Ella también me abraso fuerte y me dio un beso.
Entre de su brazo, en cuanto llegamos al comedor encontramos a el señor Monstesqeaur. Lo salude dándole la mano y un abrazo. Él me dijo:
-Hijo como estas, nos tenías preocupados. Tu padre vino a la mañana preguntando por ti.- Me quede callado sabía que al señor Monstesqeaur no le gustaba hablar de Rosas, ya que este lo traiciono cuando eran jóvenes. Pero por educación debía responder así que le dije:
- Sepa perdonarme, me había ido con un amigo mío a Las Pampas y no había avisado en casa.- El señor me miro con cara de desconfiado y dijo:
- Para la próxima ya sabes que debes avisar, aquí tienes muchas personas que se preocupan por ti.- Me sentí mal por haber mentido, pero eso era mejor que decirle que me había ido en busca de Rosas. Evangelina interrumpió la conversación:
- Padre puedes perdonarnos, quisiera ir con Santiago a ver a Josefina, ya que el vino por que se enteró de lo que paso el otro día. Perdónanos nos retiraremos.- Me agarro del brazo y subimos las escaleras hasta llegar a la habitación de Josefina. Tocamos la puerta y desde adentro se escuchó apenas una voz que decía:
- Pasen está abierto.- Entramos y vi que Josefina se encontraba en su cama. No quise incomodarla así que no hice muchas preguntas.
-¿Te sientes mejor querida hermana?- Dijo Evangelina con su voz tan angelical. Se acercó a la cama y se sentó junto a ella. Yo no sabía si acercarme, de repente sentí que Josefina dijo:
- Acércate Santiago quiero verte y saber cómo estas.- Me acerque y ella tomo mi mano.
- Que bien que te encuentras a salvo, no sabes la angustia que tenía Evangelina.- Me miro sonriendo y tomo la mano de su hermana.
- Qué bueno que mi pequeña hermana encontró a un buen hombre como tú para realizar su vida. Santiago sabes que estamos nosotras solas con nuestro querido padre, ya que mi amada madre murió y me dejo a mi encargada de la pequeña Evangelina.- Me apretó mi mano y la unió con la de mi prometida.
Me sentí muy bien, en el fondo sabía que lo que me acababa de decir en una forma u otra era que me dejaba a mi cargo a su tesoro, su hermana. Entonces bese su mano y me retire con Evangelina, dejamos que descansara. No quise preguntarle nada.
 Salimos al patio y encontramos a los niños que estaban jugando. Empezamos a correr, jugar como si nosotros fuésemos pequeños niños. Las niñas y Evangelina jugaban a las princesas, mientras que yo le enseñaba a los muchachos a jugar a la pelota. Sin darme cuenta pase toda la tarde jugando con los niños y mi amada. Pero se hiso tarde y los pequeños debían irse, los despedimos y nos fuimos caminando por el campo. Caminábamos tomados de la mano y de repente Evangelina empezó a correr y dijo:
- A que no me alcanzas.- Se soltó el cabello, se quitó los zapatos y empezó a correr. Hice una carcajada y salí tras ella. Cuando la alcance nos caímos y rodamos hasta llegar a un pequeño prado donde solo se veían ovejas y un pastor. Ella no paraba de reír, le di la mano y la levante. El pastorcito nos miró y nos preguntó si queríamos ayudarlo con las ovejas. Me quería ir pero en cuanto me di cuenta Evangelina estaba con el pastorcito tratando de reunir el rebaño de ovejas. Me rasque la cabeza y fui a ayudarlos.
-Ayúdame con esta Santiago- Grito Evangelina riéndose. Empezamos a reunirlas y el pastorcito nos agradeció. Pero cuando empezó a contar las ovejas nos dijo que faltaba una ovejita, era una de las más traviesas y siempre se separaba del rebaño. Entonces yo me ofrecí para ir a buscarla. Iba caminando por el prado cuando sentí un ruido, me di vuelta y vi que la oveja se encontraba en una roca. Pero estaba echada y baleaba muy fuerte. Me asuste y corrí a verla, la encontré y note que estaba sangrando. La quise cargar y llevarla, pero sentí que algo se movía a mí alrededor. Cargue la oveja y me di vuelta, y de un arbusto salía un extraño ser, parecía humano pero era demasiado pálido y además sus ojos eran de un color gris. Salto encima de mí y me tiro, la oveja cayó en un arbusto. Cuando me levante lo reconocí, era el mismo ser que me ataco en el monasterio. Pero que haría aquí.
-Nos volvemos a encontrar Santiago.- Me dijo secándose la boca de donde caían gotas de sangre.
-Como sabes mi nombre y que quieres de esta inofensiva oveja- Me levante, y me aparte de cerca suyo.
-Yo sé cuál es tu nombre como también se el de tu prometida Evangelina y el de toda tu familia. Yo estaba aquí alimentándome cuando apareciste tú.- Me rodeo y se me acerco a una gran velocidad. Me asuste y quise correr he ir en busca de Evangelina. Ese ser me tiro y dijo:
- Me estoy muriendo de hambre y si no quieres que me coma esta oveja, dame tu sangre.- Me lo dijo sacando sus afilados colmillos y saboreándose.
- Maldito déjame en paz y vete pero no le hagas daño a Evangelina ni a nadie de mi familia.- Me arrastre por el suelo y agarre una vara que se encontraba allí. Trate levantarme y quise atacar a aquel ser. Pero este me esquivo y sin que me dé cuenta me rasguño,
-Qué piensas que me podrás lastimar con esa varita- Agarro la vara y la partió. Se acercó y me quiso morder, pero lo esquive y empezó a correr. Trate de correr lo más rápido posible y cuando me di vuelta no lo vi, sonreí y pensé que no me alcanzaría pero en cuanto me volví a dar vuelta este se encontraba frente mío. Me levanto por los cielos pero yo agarre mi crucifijo y se lo clave en el pecho. Aquel ser empezó a caer y me tiro a mí también. En el suelo él empezó a gritar y a maldecirme, yo aproveche y salí corriendo.
Corrí rápido y me quede sin aliento, a lo lejos vi a Evangelina con el pastorcito les advertí y nos fuimos a la hacienda...



Capitulo IV

 El señor Monstesqeaur estaba en la puerta y cuando nos vio llamo a sus guardias que nos ayudaron a entrar. Estábamos muy agotados y aterrados, no queríamos volver a ir a ese lugar nunca más.
Evangelina se desmallo del susto y enseguida llegaron las criadas que la asistieron hasta que llego el doctor. El señor Monstesqeaur estaba muy enfadado, quería saber qué fue lo que me ataco. Yo seguía preocupado por Evangelina, quise entrar en su habitación pero el doctor no me dejo. Estaba en la puerta de la habitación de mi prometida cuando el señor Monstesqeaur me agarro del brazo y me llevo hasta el pasillo y me dijo:
-¡Santiago dígame ya que fue lo que paso!- Estaba muy alterado y se notaba que tenía miedo de que algo le pasara a su hija. Yo seguía con la idea de entrar a ver a Evangelina y saber si se encontraba bien,  Pero debía responder así que le conté todo lo que paso al señor. Él no me creyó, y recordé que ese ser me había rasguñado, le mostré al señor Monstesqeaur y el enseguida llamo a sus criadas, quienes rasgaron mi camisa y me curaron la herida. Mire su rostro y note que estaba muy preocupado.
-Señor Monstesqeaur perdóneme no quise que a su hija le pasara nada. Perdóneme por no ser más precavido.- Le di un abrazo y él me dijo.
-No eres tú el que debe pedir perdón, soy yo el que no te creyó sobre el ataque que recibiste, perdóname a mí.- Me dio una palmada en la espalda y se retiró a ver a su hija. Yo seguía cada vez más angustiado no quería que nada le pase a Evangelina y de pronto salió el doctor y me dijo:
-¿Tú eres su prometido verdad?- Me miro con una cara de preocupación y me mostro la puerta. No sabía si lo que me diría, sería grave pero me llene de valor y estaba dispuesto a afrontar todo lo que me dijese.
-Si soy yo, por favor doctor dígame como se encuentra mi prometida.- Le tome la mano y lo mire fijamente. El solo me escolto hasta el comedor y me dijo:
-La verdad su prometida se encuentra estable, pero ese susto hizo que su ritmo cardiaco aumentara y que su corazón empiece a palpitar a un ritmo no recomendable. Es seguro que en un tiempo tenga episodios. Debe tener mucho cuidado porque se ha despertado en ella una enfermedad cardiaca que su madre le heredo.- Lo note muy preocupado. Me sentí devastado, todo eso por mi culpa si yo no la hubiese llevado allí ahora estaría bien y podría ser feliz.
-Muchas gracias doctor, me podría decir si para eso hay cura.- Estaba muy nervioso porque no me iba a dejarme casar con ella. No sabía qué hacer pero el doctor me miro y con una voz desganada dijo:
- Lo lamento señor pero no hay remedio ni terapia para esta enfermedad.- Eso fue lo último que me dijo y se retiró. Me quede muy mal, me sentía un desgraciado no quería ver a Evangelina, Yo le había desgraciado su vida. Era todo un monstruo le desgracie la vida a la única mujer que amaba. Me quise ir pero cuando estaba por salir el señor Monstesqeaur me hablo.
- ¿Dónde te vas Santiago no quieres ver a Evangelina? No te vayas ella pidió verte, debes subir a verla.- No note enfado en el rostro del señor. Subí a ver a mi prometida, pero dentro de mí sabía que no debía. En cuanto entre Evangelina me dijo:
-Mi amor, ven con migo te necesito.- Llegue hasta su cama y tome su mano, la bese y me arrodille para pedirle perdón. Pero en cuanto le dije que me perdonase ella me dijo:
-Santiago no tengo nada que perdonarte. Tu no me hiciste nada.- Me miro a los ojos y me pidió que me acercara. Yo me acerque y me recosté alado de ella. Evangelina me acaricio el rostro y se recostó sobre mi pecho. Me sentía bien estando cerca de ella pero el saber que por mi culpa ella estaba condenada a una muerte, me deprimí.
Con tanta tranquilidad ella se durmió, yo no podía pero no debía dejarla sola así que me quede toda la noche cuidándola. Al otro día me desperté y ella seguía dormida sobre mi pecho. Acaricie su cabello y la levante. La coloque en su cama y me fui sin hacer ruido para no despertarla. Al salir de la habitación vi que su hermana Josefina estaba llorando. Me acerque y le pregunte que le pasaba. Ella me miro y se puso a llorar desconsoladamente. Quise tranquilizarla pero no lo logre, pasaron unos minutos y me dijo:
-Santiago por favor prométeme que cuidaras de nosotras, prométemelo.- Me tomo de las manos y me las apretó. No sabía porque había dicho tal cosa, así que le respondí:
-Te lo prometo Josefina las cuidare a ambas no importa lo que pase las cuidare.- Ella me abrazo y siguió llorando. Yo trataba de contenerla. Le pregunte por su padre y ella me conto algo que nunca me esperaría:
-Nuestro padre está en un juicio. El capitán Rosas mando a mi padre a la quiebra por vender el ganado preveniente de fuentes unitarias.- Me quede pensando por que debía mandarlo a juicio por vender esa carne, no tenía nada malo. Entonces ella me siguió diciendo.
-Está en juicio. No quería que nos quiten la hacienda, y por eso dio su vida a cambio de que nos dejaran conservarla.- Eso fue muy triste, ellas se quedarían sin su padre. Entonces entendí porque me había dicho que las cuidara. La abrase fuerte y le dije.
-No te preocupes Josefina te prometo que las cuidare, y en cuanto  a la muerte de tu padre te juro que no será en vano.- Ella me agradeció y se retiró llorando a su habitación.
Me retire de la hacienda y me fui a la casa de mis padres. Allí le conté todo lo sucedido a mi madre, quien organizo una misa en nombre del señor Monstesqeaur. Mi padre me pidió que no me enfrentase a Rosas porque él era más poderoso que yo. Además si lo retaba a un duelo, yo terminaría siendo el muerto. No me importo mucho si moría, solo quería vengarme del maldito de Rosas por haber matado a tanta gente inocente. En realidad el merecía la muerte pero eso si no sería fácil de matar...





 Capitulo V

      El sol se ponía y el reloj tocaba las 6:00 pm. Yo me encontraba en mi casa esperando a que mis padres fueran a misa así yo me escabullía para ir a enfrentar al Coronel  Rosas.
Despedí a mis padres, les dije a los criados que me iría a ver a Evangelina y me fui. Sabía que los criados les dirían a mis padres si yo me retiraba para ir a pelear con Rosas, así que debí inventarles una mentira. Cuando estaba en las calles, un grupo de federales pasaron llevando lanzas y antorchas. Supuse que habría un enfrentamiento entre Unitarios y Federales. Ese sería el lugar perfecto para encontrar a Rosas y así darle su merecido. Decidí seguirlos a escondidas.
Cuando llegamos, los federales se reunían en un bar en donde los fin de semana habían pleitos entre ellos mismos. El reloj dio las 7:00 pm. Empezaron los tiros, la sangre caía por las calles, las cabezas rodaban y la gente se alertaba. Era toda una Batalla entre Unitarios y Federales. Pero lo único que no vi fue al coronel Rosas. Me preguntaba donde se encontraría ese cobarde. Entonces me volví a subir a mi caballo y me fui rumbo al cabildo.
Cuando llegue al cabildo no encontré a nadie, me bajé del caballo y entre. Estaba totalmente vacío. Seguí caminando y me choque con un hombre, le pedí perdón. Lo mire y me di cuenta de que era el mismo hombre de la otra vez. Tenía uno de sus ojos de color café y el otro verde. El me miro y sonrió.
-¿Otra vez tú? Sigues en busca del coronel Rosas.- Me miraba sin parpadear. Yo solo le respondí.
- Si estoy en busca de Rosas. Es muy importante quiero hablar con el.- Acomode mi traje y volví a verlo. Pero el hombre lo único que hizo es reír. Y luego dijo.
-¿Usted eras Santiago verdad? Muy bien, llegas en un mal momento porque el coronel Rosas no quiere que nadie lo vea.- Me pecho un poco y tapo la puerta. No me importaba la razón por la que no quería ser visto, yo debía hablar con él y no me iría hasta que lo lograra.
-¡Si soy Santiago y exijo verlo! Déjeme pasar.- Quise pasar pero este hombre saco su espada y dijo:
-Es muy insistente usted. Pues si quiere ver a Rosas primero debe pasar sobre mí.- Yo no quería luchar con él, mi propósito era pelear solo con Rosas. Pero ese hombre no me dio otra opción y desenvaine mi espada.
- Si usted lo quiere así. Se lo advierto estoy decidido a ver a Rosas y no me iré. Usted no me deja otra opción que matarlo.- Me puse en posición de ataque y el hombre me dijo.
- Esta bien muchacho, hace mucho que no peleo, pero eso si nunca he perdido ninguna batalla y esta no será la excepción.- Empezamos a pelear, el me rasgo mi traje. Yo no quería ser rudo pero tenía que lograr vencerlo. Corte su traje y él se enfadó, me empujo contra la pared y coloco su espada en mi cuello. Yo lo hice para atrás y él se cayó. Coloque mi espada sobre él y empezó a rodar en el piso hasta alejarse de mí. Se levantó y seguimos. La pelea duro un par de minutos, ambos éramos buenos pero enserio debía hablar con Rosas.
Lo voltee y clave mi espada en su brazo. Era sorprendente el no hizo expresión de dolor, sino que sonrió y dijo:
-Eres bueno muchacho. ¿Pero por qué no me mataste?- Estaba agarrándose la herida y se trataba de levantar
-Mi problema no es con usted es con Rosas. ¡Déjeme pasar!- Lo ayude a levantarse y él me explicó:
-Hijo puedes pasar pero te lo advierto si entras allí no podrás volver. Es muy peligroso, tú no sabes…- Lo interrumpí diciendo.
-No me importa agacé a un lado y déjeme pasar.- Lo empuje y cuando abrí la puerta algo paso rápidamente y salió. No pude alcanzar a ver de qué se trataba pero al entrar vi que todo estaba desacomodado, los papeles tirados, la tinta de los tinteros corría por el suelo. Corrí busque tras las ventanas, bajo el escritorio, en todas partes pero no había nadie. Me enfade y grite.
-¡Ese maldito se escabullo, pero la próxima no saldrá vivo!- Azote la puerta y salí enfadado del lugar. Al salir afuera la gente estaba toda atareada, corrían de un lugar a otro. Las mujeres gritaban agarrando a sus niños y se escondían. Me preguntaba qué era lo que sucedía, y de repente paso un hombre y le pregunte.
-El mato a la muchacha, la mato. Clavo sus colmillos y la dejo tirada.- Este me respondió y huyo rápidamente. Quise investigar.
Cuando llegue al lugar en donde estaba la muchacha sin vida encontré todo el piso lleno de sangre. No sabía quién era pero si note como había dicho el hombre que tenía el cuello agüereado. La mire pero no la reconocí, era una bella muchacha de la alta sociedad. Parecía que estaba de paseo cuando algo la ataco.
Entre todo ese alboroto me había olvidado de que debía volver a casa antes de que mis padres se empezaran a preguntar dónde me encontraba. Entonces agarre a mi caballo, me subí y emprendí rápidamente un viaje a casa. Cuando llegue encontré a mi madre y a mi padre hablando con la vecina. La señora Leonor Montoya. Esta estaba llorando, me acerque y pregunte a mi padre que era lo que le ocurría. Mi padre me dijo:
-Hijo que bueno que llegas. No sabes la señora Leonor acaba de perder a su hija la señorita Carmela. Tuvo una muerte trágica.- Me lo dijo dándome palmadas en la espalda.
-Cómo fue que murió padre, yo no la conocía.-Me asombre y pedí que me dijese exactamente todo lo que sabía.
-La niña Carmela estaba con su madre de visita en la Capilla cuando de repente un ser bajo del cielo y la secuestro. Su madre empezó a buscarla y cuando la encontró ella ya estaba sin vida en  un costado de la plaza del pueblo. Tenía dos agujeros en el cuello de los cuales caía mucha sangre.- Al redactarme eso me quede congelado. Carmela era aquella muchacha que encontré en el suelo cerca de la plaza. Pero no debía decirle a mis padres que la vi sino sabrían que me fui en busca de Rosas. Entonces pedí permiso a mi padre y fui darle mi sentido pésame a la señora Leonor.  
Luego entre a casa y mi madre me noto un poco raro. Me pregunto qué era lo que me pasaba. No podía mentirle a mi madre, pero si le decía la verdad corría el riesgo de que se enfade. Así que decidí decirle.
-No me pasa nada madre, es solo que estoy muy triste por lo que le paso a la hija de la señora Leonor.- Note que mi madre no me creyó, ella no me pregunto nada más y subí a mi habitación...




Capitulo VI

   En la mañana me desperté y quise ir a ver como estaba Evangelina. Mi madre quiso ir  con migo así de paso podía ayudar a Josefina en la hacienda. Nos subimos a un carro y nos fuimos.
Al llegar vimos a Evangelina jugando con los niños de la hacienda. La saludamos y pedí a mi madre que disculpara yo me quedaría con ella y los niños. Me bajé del carro y fui con Evangelina. La abrase y le di un beso, ella estaba tan bonita como siempre. Mientras caminábamos le comente sobre la muerte de la señorita Carmela. Evangelina se sintió mal y me pidió que no hablase más de muerte que aún se sentía mal por lo de su padre.
Se hizo de tarde y con mi amada vimos la puesta de sol, luego mi madre nos llamó y me dijo que debíamos ir a casa antes de que obscurezca. Saludamos a Evangelina y a Josefina y nos fuimos rumbo a casa. Cuando pasábamos por el pueblo pregunte a mi madre si podría quedarme un tiempo allí así podría ver a mis amigos. Ella me dijo que si y yo la bese y me baje del carro.
Estaba caminando por la calle y se me ocurrió e ir en busca del coronel Rosas. Pero esta vez no iría al cabildo sino a buscarlo en aquel monasterio abandonado, quizás se encontraría ahí tal como la otra vez.
Tarde en llegar pero cuando lo conseguí entre sin perder más tiempo. Al entrar vi que detrás del altar había un hombre que caminaba en círculos, se notaba que estaba nervioso. Trate de llegar hasta él sin hacer ruido, fui muy silencioso. Pero sin darme cuenta pise un vidrio que hizo ruido. El hombre que estaba allí se dio vuelta rápido y al verme exclamo:
-¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?- Me pare firme y conteste.
-Soy Santiago y estoy buscando al coronel Rosas. ¿Eres tu verdad?- Lo mire más de cerca y note que era exactamente el. Me acerque y él dijo:
-Detente ahí no des un paso más, y si yo soy el coronel Rosas. ¿Para qué me buscas?- Me quede quiero y empecé a decirle todo lo que debía decirle.
-Te estado buscando hace varios días, quería hablar contigo sobre varias cosas que estás haciendo.- Lo mire y agarre mi espada.
-Vamos ya estás aquí dime o es acaso ¿qué tienes miedo?-Me lo dijo con una actitud retadora. Pero yo ya no podía guardarme lo que tenía para decirle.
 -Para empezar eres un maldito que mando a matar a mi primo y a mucha gente inocente. No eres digno de tu cargo, no te mereces que la gente hable de ti como si en realidad fueras bueno.- Hice una pausa porque me había quedado sin aire. Pero entonces Rosas dijo:
-Eso es todo muchacho, pues si es así vete que no quiero seguir viéndote.-Me miro y mostraba un desinterés a todo lo que yo había dicho. Fue entonces que me enoje y le grite:
-Eres un mal nacido, no te importa lo que te he dicho. No me voy a ir de aquí hasta cobrarte todo lo que hiciste cobarde. Porque no mataste tú mismo a esas personas, eres tan despreciable que no quisiste mancharte las manos y mandaste a otra gente a hacer tu trabajo.- Desenvaine mi espada y estaba listo para atacar cuando de repente sonó la campana del reloj y dieron las 8:00 pm.
Entonces mire a Rosas y vi que un resplandor salía de su cuerpo, era algo extraño. Él se elevaba por el cielo mientras se transformaba. No sé en que se estaba transformando cuando de repente cayó al suelo. Me acerque y salto sobre mí.
Fue sorprendente era el mismo ser que me había atacado las otras veces. Lo empuje y lo quite de encima mío, me levante y corrí a agarrar mi espada que había volado a u costado cuando Rosas me ataco. Al agarrarla no vi a nadie, entonces dije:
-Sal cobarde, de que te escondes, ya sé que eres Rosas. Aun no entiendo porque te transformaste y no estoy seguro de que eres. Pero sal y pelea.- Miraba a mi alrededor esperando que saliera y empezara a pelear. Pero no salía así que me pare sobre el altar y dije:
-¿Qué tienes miedo? Me tienes miedo a mí, un simple hombre.- Al oír eso Rosas salto de la ventana y se arrojó arriba mío, yo logre esquivarlo pero recibí un golpe. Se me acerco y dijo:
- Yo no te tengo miedo, eres un ser inferior. Solo que no quiero que mueras antes de probar tus habilidades.- Note que sus ojos se tornaban rojos y sus colmillos empezaban a crecer. Sostuve bien mi espada y trate de clavársela. Pero fue inútil él tenía a su favor una gran velocidad. No sabía cómo haría para matarlo.
-No me rendiré, sé que no eres fácil de matar pero no me voy a rendir.- El me miro y en su espantoso rostro se marcó una sonrisa.
- Admiro tu persistencia pero no podrás matarme nuca muchacho.- Me enfade y le dije:
-Te crees superior, pues no lo eres. Solo eres un maldito que se defiende con sus hombres. Pero que harás ahora no está nadie para ayudarte.- Agarre mi espada y volví a intentar clavársela. Esta vez estuve cerca. Él se molestó y me arrojo sobre una ventana. La traspase y caí afuera. El salió tras de mí y empezó a patearme, y cuando se detuvo dijo.
-Crees que solo dependo de unos idiotas que me cuiden. No es así soy más poderoso que tú y que cualquiera. ¿Además tú no sabes que yo soy inmortal?- Lo mire y trate de levantar, pero cuando me estaba levantando me volvió a patear.
-Noto que quieres vivir. Pero hubieras pensado eso antes de venir a retarme a mí. Levántate o es acaso que ya te quedaste sin fuerzas- Se reía de mí y yo me enoje tanto que saque fuerzas de donde no tenía y me levante y lo golpee. Él se sorprendió y se secó la boca porque de ella estaba saliendo sangre.
-Te lo juro te voy a matar aunque me cueste la vida, no me importa que seas inmortal.- Estaba muy cansado y lastimado, pero no me importo.
-Si es que me vas a matar, pues aselo. Que no te esperare demasiado. Eres fuerte pero no lo demasiado para matarme.- Se me acercaba limpiándose su traje.
-No me hagas enojar bestia, no quiero que mueras sin sufrir.- De repente el desapareció y sin darme cuenta apareció detrás de mí. Me levanto y me arrojo al suelo. Yo ya no daba más, estaba sumamente cansado y no podía ni pararme. Rosas se me acerco y coloco su pie encima de mi cabeza, quería aplastarla. Creía que me iba a morir cuando a lo lejos vi una luz. Eran unos campesinos con antorchas y tridentes que venían a matar al vampiro que se escandia en el viejo monasterio.
Me sentí a salvo pero no puede evitar perder el conocimiento. Pero antes de perderlo vi que Rosas huía dejándome a mi tirado y todo lastimado en el suelo...




Capitulo VII

   Me dolía la cabeza, mi cuerpo se sentía pesado. No podía abrir mis ojos. Los parpados me pesaban. Pero necesitaba saber dónde estaba y con quien estaba. Al abrirlos vi a una muchacha que me estaba limpiando las heridas, Le pregunte donde estaba. Ella no me respondió y se fue. Al rato llego una señora que me dijo:
-Me alegra que se haya despertado señor, usted se encuentra en mi hacienda. Perdón que olvidadiza, me llamo Genoveva. Y esta es la hacienda Jerez.- No me quitaba los ojos de enzima. Yo quise agradecerle por salvarme.
-Muchas gracias señora Genoveva Jerez por salvarme. Pero debo ir a mi hogar a ver a mis padres y a mi prometida. Quise levantare y ella dijo:
-Tienes prometida y tan joven que eres, seguro que tus padres la eligieron y tú no la amas.- Se me acerco insinuándome. No quería ser descortés pero debía irme. Le conteste con mucha cautela de no hacerla enfadar.
-No yo si amo a Evangelina es el amor de mi vida y no me importa otra mujer.- Creo que no debía haber dicho tal cosa ya que la señora se alejó y cambio la cara. Me levante y agarre mi saco. Pregunte por donde estaba la salida y la señora Genoveva me comento de que ella era viuda del señor Josué Jerez, un gran caudillo. Pero el murió en una batalla al mando del coronel Rosas.
Al llegar a la salida la señora Genoveva dijo:
-Fue un gusto conocerte, pero te vas y no me has dicho tu nombre querido ¿Cómo te llamas?- Me acomodo el cuello de la camisa y el pelo. Me sentí incómodo y respondí:
-Perdone usted, mi nombre es Santiago de la Paz, y ya debo irme se me hace tarde. Nos vemos fue un gusto conocerla señora Genoveva, y sepa que lamento mucho la muerte de su esposo.- Le di un beso en la mano y ella se sonrojo. Y dijo:
-Adiós Santiago, que llegues bien y no te olvides venir a visitarme. Yo me siento tan sola y un muchacho cortes como tu es lo que necesito para alegrarme.- Sonrió y me despidió. Yo no le di mucha importancia y me fui.
En la puerta de la hacienda vi que estaba el portero y dijo:
-Lamentamos mucho si la señora Genoveva lo incomodo señor, pero ella se compota así desde que el patrón falleció. Sepa perdonarla.- Me abrió la puerta y yo le dije:
-Muchas gracias y no se preocupe por la señor Genoveva es muy simpática. Lamento mucho la muerte de su patrón. Nos vemos- Le sonreí y salí.
-Adiós señor.- Contesto el portero con una alegría. Me decide a llegar a mi hogar antes de que obscurezca, no sería la casualidad de que me encuentra a Rosas en mi camino.
Cuando caminaba vi que el doctor Esteban se dirigía a toda prisa en su caballo hacia la hacienda Monstesqeaur. Me asuste, temía que sea por Evangelina Así que tome un caballo prestado y fui a toda velocidad hacia la hacienda. Cuando llegue encontré a Mandioca, la criada, en la puerta. Le pregunte qué pasaba y ella dijo:
-Es la señorita Evangelina señor, se puso muy mal. No sabemos por qué le agarro un ataque.- Pedí permiso y entre, subí rápidamente las escaleras. Al llegar a la habitación, salían el doctor y Josefina. Les pregunte como estaba Evangelina. Ellos me dijeron:
-Ella se encuentra bien pero tuvo un ataque por su enfermedad cardiaca. Gracias a Dios no fue tan grave.- El doctor se retiró y Josefina me dijo:
-Evangelina estuvo preguntando por ti toda la tarde, ¿Quieres para a verla?- Yo asentí con la cabeza y entre cuidadosamente. No quería que se enterara de que yo entraría.  Rodee su cama y la vi tan tranquila, me quise recostar y ella se despertó. Me miro y dijo:
-Santiago, mi amor que bueno que hallas venido a verme. Te extrañe mucho.- Me abraso y se acurruco cerca de mí. Yo me sentía culpable de no haber estado con ella cuando me necesitaba. La bese y de repente ella me dijo:
-¿Dónde estuviste?- No quería alarmarla y solo dije que fui a visitar a un amigo. Ella se me acerco y desprendió mi camisa. No sabía porque lo hacía. Al abrirla vio mi cuerpo todo vendado. Cerró mi camisa y dijo:
- Porque me mientes Santiago. No merezco que me mientas. Yo te amo y no importa lo que hayas hecho nunca te dejare de amar.- Soltó una lagrima y me pidió que le digiera la verdad. Me sentí mal y le conté mi encuentro con Rosas y también sobre Genoveva. Ella mucho no me creyó que Rosas era un vampiro, pero igual me dio su apoyo. Y en cuanto a Genoveva, se enfadó por la forma en que ella me trato. Pero yo le explique que no podría amar a otra mujer que no sea i dulce y hermosa Evangelina. Me abrazo fuerte y me dio un beso. La acaricie y le dije que pasaría toda la noche cuidándola y que no importa lo que pasara él no se movería de su lado.
A la mañana siguiente me levante pero no vi a Evangelina con migo m asuste y salte de la cama, empecé a buscarla pero no la encontraba. Le pregunte a Mecha, la cocinera si no la había visto y me dijo:
-Las señoritas se retiraron temprano, al amanecer al doctor. La niña Evangelina se sentía muy mal.- No espere un segundo más, cogí mi abrigo y fui en busca de mi prometida. Cuando llegue a la casa del doctor pregunte por Evangelina y este me dijo que se la habían llevado de urgencias a la salita del pueblo. Me alarme y partí rumbo a la salita.
En la salita no me dejaban entrar, decían que no era horario de visitas, pero yo le roge al guardia de la entrada que me dejara ver a mi prometida. Este me vio tan desesperado que me dejo entrar. Cuando encontré la habitación de mi Evangelina entre y la vi mal. Estaba muy pálida y con sus ojos todos llorosos. Me provoco tanto dolor el verla así.
Me acerque y tome sus manos, estaban frías. No me pude contener y empecé a llorar. Entonces apareció Josefina y dijo:
-Santiago veo que las criadas te avisaron. Evangelina no quiso despertarte. Estaba muy mal la llevamos con el doctor Esteban pero él no tuvo otra opción que derivarla aquí.- Me puso su mano en el hombro y justo en ese momento llego el doctor. Pidió que solo se quedase una persona con ella. Josefina me pidió a mí que yo me quedase y ella se retiró llorado. El doctor cerró la puerta y me dijo.
- Usted es el prometido, tengo malas noticias. Evangelina sufrió un fuerte ataque al corazón lo que provoco que este se sature y deje de bombear sangre.- Me quede destruido, no sabía si llorar o molestarme con migo mismo.  Pero el doctor dijo:
-No es culpa de nadie, esto debía pasar en algún momento. Lamento su pérdida.- Solo me dio una palmada en la espalda y se retiró. Empecé a llorar agarre su rostro y la bese, no quería perderla. Aun no nos habíamos casado, ella era muy joven y tenía toda una vida por delante. No quería dejarla pero llegaron unas enfermeras que taparon su rostro y se llevaron. Me quede solo en esa habitación sosteniendo un pañuelo que le pertenecía...


Capitulo VIII

   Estaba totalmente destrozado no quería seguir viviendo. No me quería resignar a perderla. Pero debía dejarla ir. Entonces cuando salí me dirigí a la hacienda Monstesqeaur a ver a Josefina quien se había quedado sola en el mundo. No sabía cómo estaba, con la pérdida de su única hermana.
Al llegar la encontré tirada en el piso, tenía en su mano un cuchillo, me temía que se quería acecinar. Pero justo llegue y se lo quite. Ella estaba llorando y yo me arrodille y le dije.
-Sé que te duele la perdida de tu hermana pero esta no es manera de remediarla. Necesitas tranquilizarte e irte de la hacienda a conocer nuevos lugares.- La tome del brazo y la ayude a levantarse, llame a dos de sus criadas quienes la bañaron, cambiaron y alistaron para salir de esa casa.
Cuando estuvo la escolte hasta la puerta y la acompañe en un carro hasta la estación de trenes. Compro un boleto hacia Europa. La acompañe hasta que llego su tren y la despedí. Me sentí mejor, pero aun no dejaba de pensar en la muerte de mi amada Evangelina.
Cuando me volvía a casa, sentí que alguien me seguía. No preste mucha atención y seguí caminando. Sabía que no era nada pero mi intriga no me dejaba seguir, así que me di la vuelta. No vi a nadie pero luego me volví a dar vuelta para seguir mi camino y me topé con Rosas el Vampiro. Me tomo de los hombros y me llevo con él. No me resistí, no tenía ya en ese entonces un propósito de vivir.
Llegamos y él me tiro en el suelo. Le dije que no me importaba lo que quiera hacer con migo, pero si me iba a matar que lo haga rápido. Me miro sorprendido y dijo:
-Te encuentras así por la muerte de tu prometida Evangelina Monstesqeaur. Entonces estas seguro de que quieres morir y no vengarte.- Me rodeaba y con un gesto de enojo volvió a decir:
-Entonces no eres el tipo de hombre que creía que eras. Eres un cobarde como los demás.- Me empujo y me patio. No tenía ganas de pelear con el así que no hice nada.
-Haz lo que quieras conmigo, ya te he dicho no me importa.- Me levante y sacudí mi traje. Me acerque y él me escupió en el rosto.
-Si quieres que te mate entonces pelea y no me hagas enojar.- Me dio un arma y me reto a pelear. No quise la tire al suelo y le dije:
- Mátame de una vez cobarde, sino dime para que me has traído hasta aquí.- Me acerque y lo peche, no tenía miedo de lo que me pueda hacer, solo quería saber cuál fue su propósito.
-¿Quieres saber el motivo por el que te traje aquí? Te lo diré. Necesito a un hombre que sea tan valiente como tú para ayudarme a conseguir lo que quiero.- Me miro y desapareció, al segundo apareció nuevamente frente mío y dijo.
-Estas de acurdo, mira que no elijo a cualquiera. Además no te importara morir si es necesario. Esto implementa que me des tu alma y tu cuerpo para servirme.- Se acercó y me dio la mano. Yo no sabía que responder, pero estaba seguro que si lo ayudaba quizás tendría a cambio algo que yo deseaba, de vuelta a Evangelina. Entonces le dije:
-Está bien te ayudare- Estreche su mano y el desapareció. Yo no sabía dónde me encontraba así que decidí investigar. Encontré a una mujer limpiando, le pregunte donde me encontraba y ella solo dijo:
-¡Oripmav, oripmav!- No supe que significaba, creí que estaba loca y me aleje. Seguí buscando información y encontré a un señor que estaba caminando. Me acerque y le pregunte lo mismo que a la otra señora.
-Disculpe señor me podría decir ¿dónde me encuentro?- Este me miro y dijo.
-Don usted se encuentra en Gran Delaut. Bienvenido sea y por favor cúbrase su cuello, se lo digo por su bien.- Me advirtió y siguió con su camino. Para mí fue algo extraño pero le hice caso y me cubrí el cuello.
Seguía caminando y me cruce con una joven muy encantadora, ella me dijo:
-Hola no te había visto en la ciudad eres nuevo.- Me saludo y empezó a hablar conmigo. Yo le respondí.
-Hola si soy nuevo nunca había venido a este lugar.- Su belleza era muy notoria por lo que me sentí un poco atraído No pude evitar el seguir hablando con ella, era como si me tuviera encantado. Hablamos por un rato y ella me pregunto si quería ir a su casa. Yo le dije que sí y nos fuimos.
Al llegar el cielo se tornó negro y empezó a llover, entramos. Me ofreció una bebida y yo acepte. No sabía que me estaba pasando estaba embrujado por aquella bella muchacha. Y entonces recordé a aquella mujer extraña que me había cruzado en el camino y pregunte:
-Tú sabes que significa oripmav. Porque una mujer extráñame grito eso en la cara.- La señorita se sentó en un sillón y me llamo. Y dijo:
-No sé qué será eso, en esta ciudad hay mucha gente muy rara, a por cierto me llamo Elizabeth y tu ¿cómo te llamas?-Me miraba mientras bebía de su copa. Me senté a un costado y le conteste.
-Me llamo Santiago.- Me dio una copa y sirvió e ella vino. Propuso brindar por avernos encontrado, yo acepte y brindamos. Elizabeth se acercó a mí y me pregunto si no sentía calor.
-Santiago no sientes calor, es mejor que te quites eso que tiene en el cuello y yo me quitare mi abrigo.- No podía decirle que no reamente no controlaba lo que decía. Me quite la bufanda y cuando ella se quitó el abrigo se me acerco y me susurro al oído.
-Me encanta los cuellos de los hombres, son tan masculinos.- Se me acerco más y más, hasta que estuvo sobre de mí. No podía moverme y ella dijo
-Puedo besar tu cuello, se ve tan delicioso.- No quería que haga eso así que de mi fuerza interior la quite de enzima mío  me levante. Volví a tapar mi cuello y le pregunte si me podía decir sonde se encontraba la salida. No lo tomo muy bien y me grito:
-Salida, no te puedes ir. Ya eres mío y hasta que no muerda tu cuello no te iras de aquí.- Se transformó completamente y tapo la salida. No quería pegarle era una mujer. Pero no me dejaba salir. Pensé que me dejaría salir si no la dejaba morderme. Así que hicimos un trato.
-Elizabeth déjame ir, y a cambio te dejo que me muerdas.- Ella se tranquilizó y se me acerco. Me agarro de la mano y dijo.
- Muy bien Santiago sabía que entrarías en razón, ahora, esto no te dolerá mucho.- Saco sus afilados colmillos y en cuanto me estaba por morder saque mi rosario y se lo clave en el pecho. Salí corriendo mientras ella estaba gritando de dolor en el suelo.
Corrí lo más rápido que pude. En mi mente empecé a pensar y de repente recordé nuevamente a esa extraña mujer. Entonces pensé que lo que me había querido decir era  VAMPIRO. En ese momento supe que debía salir lo más rápido de allí...


 

Capitulo IX

     En casa mi padre me pregunto en donde había estado la noche anterior, no sabía que responderle. Entonces no tuve más remedio que decirle la verdad. El creyó que yo estaba delirando y llamo a mi madre. No quisieron creerme y me enfade. Me fui de mi casa, no sabía dónde ir hasta que me acorde que ahora yo era el aliado de Rosas. Fui a buscarlo para hablar con él y así me aclarase que era lo que quería que yo haga.
Una vez en el cabildo Rosas me recibió en su despacho, pero no tenía la forma de un vampiro, le pregunte porque y él dijo:
-No tengo forma de vampiro porque me puedo transformar para que la gente no sepa que soy un vampiro. Pero este efecto solo dura hasta las 8:00 pm. Ya que luego vuelvo a ser un vampiro. Y cuando el sol empieza a salir me vuelvo a transformar en humano. Por eso es que las personas no sospechan nada de mí.- Lo dijo sacándose su capa. Se sentó y empezó a escribir. Pero no era para eso que había ido así que le dije:
-Dime cual es el trabajo que tienes para darme a mí- Me apoye en su escritorio. El solo me miro y siguió escribiendo, pero mientas lo hacía me respondió:
-Tu trabajo, ya sabrás cual es. Mientras tanto quiero que no reveles ni una palabra de esto.- Dejo de escribir y me miro fijo a los ojos. Yo quería decirle algo cuando él me interrumpió y dijo:
-Mejor sabes que si quieres ve y cuenta lo que sabes, pues nadie te creerá.- Sonrió y siguió escribiendo. Me quede callado y solo pude decir.
-Estoy a tus servicios, no te traicionare.- Rosas me miro y me pidió que me retirara. Yo obedecí y me retire.
Cuando salí del cabildo una anciana se paró frente mío y dijo:
-Sé lo que estas tramando, es mejor que te arrepientas.- Fue tan raro, me asuste y seguí caminando. Las campanas del reloj sonaron, eran las 3:00 pm. No quería volver a casa, estaba enfadado con mis padres. En ese momento me acorde de la señora Genoveva. Decidí ir a visitarla.
Cuando llegue a la hacienda Jerez no encontré al portero que me había saludado la otra vez. Entre y de allí salió una parvada de cuervos negros. Retrocedí y me pregunte por que el lugar estaba tan desierto. Debía saber que fue de la señora Genoveva así que me adentre en la hacienda. Al entrar a la casa sentí un llanto que provenía de la parte de arriba de la casa. Parecía de mujer, creí que se trataba de la señora Genoveva y subí. Cuando llegue arriba vi que una muchacha estaba en el suelo, corrí a socorrerla. La levante en mis brazos y al ver su rostro, vi el de Evangelina. Me asuste y la solté. Estaba tan asustado que me pare rápidamente y salí corriendo.
Eso fue espantoso, me quede pensando si lo que había visto era real o solo fue una jugarreta de mi imaginación. Mientras trataba de entender porque esa mujer me había dicho tal cosa. Serian solo alucinaciones o que me estaba pasando.
Decidí ir a mi casa a descansar. Cuando llegue vi a mi madre sentada junto a la chimenea, ella me vio y vino a abrazarme. No me sentí bien y la rechace. Pero en realidad no era eso lo que quería hacer,  pero porque sería que yo ya no me controlaba, no sabía qué hacía. En mi cabeza no mandaba yo, solo pensaba en matar y matar. No me reconocía a mí mismo. Cuando el rechace mi madre solo me miro se alejó un poco y se retiró llorando. Algo me estaba cambiando y yo no sabía por qué.
Pronto salí de mi casa y me fui al monasterio abandonado. Empecé a romper cosas y a gritar. Me sentía diferente.  No quería saber nada de mis padres y no quería que nadie me molestase porque sería capaz de matarlo. De repente llego el coronel Rosas al verme me dijo:
-¿Por qué estás aquí? No te he dicho que luego te diré lo que debes hacer. Vete y déjame en paz- Me miro enojado. Yo me moleste, me acerque, lo empuje y le dije que no me importase lo que él quería, yo solo quería estar lejos de todo el mundo. Él se levanto sonrió y dijo:
-Muy bien mi querido Santiago te estás convirtiendo en un ser despiadado y sin corazón. Si quieres estar solo, pues tus deseos son órdenes.- Se retiró y me dejo a mí solo en ese enorme monasterio. Me tire al suelo, me tape la cara y empecé a gritar.
 Luego me concentre en mí y empecé a pensar en que podría hacer para sacar toda esta ira que llevaba dentro de mí.  Entonces recordé a quienes odiaba, que era lo que no me gustaba, estaba lleno de pensamientos negativos. El reloj de la torre toco las 8:00 pm. Empezó a obscurecer y mi cabeza no dejaba de pensar en hacer daño.
 De pronto volvió Rosas, esta vez ya estaba con su apariencia de vampiro. Lo mire y le dije muy decidido que quería matar. Rosas sonrió y me dio la mano, me ayudo a levantarme y luego me llevo con él. Mientras íbamos los dos solos en medio de las obscuras calles empezamos a hablar de  la mejor forma de sacar mi ira, me dijo que me ayudaría a matar y hacer daño a cualquier persona que nos cruzáramos en el camino.
Así fue que nuestra relación fue cada vez más y más estrecha. Ambos teníamos ese sentimiento de matar y de dañar a los humanos. Un sentimiento que realmente nos nacía en el alma. Éramos muy parecidos, por lo que le prometí que siempre le sería fiel y le ayudaría a matar cuando a él se le plazca. Yo era un hombre de palabra…
…Pasó el tiempo y nos hicimos muy unidos. Nos llegamos a conocer, cada uno sabia la debilidad del otro. Lo que nos gustaba y como queríamos que la gente sufra. En ese tiempo que había pasado sirviendo a Rosas yo había cambiado mucho, ya no era la misma persona. El estar con Rosas me había cambiado por completo. No me importaba que diga la gene, solo sería fiel a mi Capitán Rosas, sin importar lo que los demás dijesen. Fue así que Rosas me nombro oficialmente su mano derecha.
 En mí solo había maldad pura y sed de muerte, no quería que nadie sea feliz a mis espaldas por lo que decida matar a cualquier persona que no sufriera como yo había sufrido... …




Capitulo X

Con mi capitán Rosas, fuimos en busca de unas víctimas, el necesita alimentarse. Ese día era especial, ya que había una fiesta en honor a la llegada de la señorita Mariquita Sánchez de Thompson. Ambos estábamos invitados, pero Rosas no podía concurrir, pues él tenía la apariencia de un vampiro. Me pidió a mí que asistiera así no sospecharían.
Era de noche y ya todos estaban en la fiesta, cuando llegue lo primero que hice fue saludar a la señorita Mariquita. Trate de socializar con las demás personas. Pase de ser percibido. El reloj de la torre dio las 10:00 pm. Me sentía u poco incómodo, no me gustaba estar con tanta gente pero debía permanecer allí para que mi capitán Rosas hiciera su ataque.  De repente las luces se apagaron, supe que fue gracias a mi capitán. La hora de divertirse había llegado.
Todos empezaron a gritar, no se veía nada. Fue el momento perfecto para que Rosas entrara. El entro, y sin que nadie se dé cuenta rapto a una señorita. Las luces volvieron y la fiesta siguió. Yo no quería quedarme, además debía ayudar a mi capitán a llevar a la víctima al calabozo. Me despedí de todos y pedí disculpas, me retire y enseguida llegue al monasterio donde Rosas me esperaba.
Cuando llegue mi capitán estaba cargando la muchacha ya inconsciente. Lo ayude a llevarla hasta abajo en el calabozo. Allí tenía presas a varias personas. Cuando llegamos estas personas empezaron a gritar y a pedir ayuda, como siempre el no hizo caso y metió a la muchacha en la celda. Nos fuimos nuevamente arriba.
Yo trataba de convencer a mi capitán de que ya eran suficientes, pero él no quería escucharme. Rosas tenía sed de venganza, así que siguió con su plan de secuestrar  más personas para realizar su ritual. Él me dijo que en su ritual se trataba de reunir la mayor cantidad de personas para extraer toda su sangre y así poder alimentarse bien. Y el resto de la carne convertirla en ofrenda a su condesa protectora Samanta Blooderscon. Ella era como la madre de todos los vampiros. Los protegía y ayudaba si los seres humanos los perjudicaban.
Pasaron semanas y finalmente Rosas había logrado reunir la cantidad necesaria de víctimas. Entonces él me ordeno revisar las celdas de los esclavos y preparar todo lo necesario. Esa noche a las 12:00 se llevaría a cabo el ritual.
 Muy dentro de mi  pienso en todas esas personas encerradas y con sus destinos que muy pronto se acercarían al final. Me sentí detestable, pero ya no podía hacer nada para ayudarlos. Ellos muy pronto morirían, para salvar a mi capitán Rosas. El necesitaba la sangre. No  porque tenía un problema o una enfermedad, sino que la necesitaba para alimentarse.
Al que llamaban el Sanguinario, muy pronto tendría la fama del matador. Pero nadie además de mi sabia su secreto. Eso provocaba que el acecino de esas personas nunca sea descubierto por su verdadera identidad. Pero yo no soy ningún vampiro solo soy un joven que llego a manos del coronel Rosas. Por causa de la muerte de lo más preciado que tuve, mi Evangelina. Yo no sabía la verdad hasta ese día en que ocurrió el gran encuentro, entre Rosas y yo, allí fue cuando cambio todo para mí.  Pero ya no había marcha atrás, yo era cómplice de esos asesinatos y de esos terribles secuestros. No había nada que hacer.
La hora de la muerte se acercaba más y más. Esas pobres personas iban a morir aunque no se lo merecieran. Sin darme cuenta el  reloj toco las 11:00 pm. El Coronel Juan Manuel de Rosas se preparó y me ordeno que llevase a los esclavos a la parte de arriba del monasterio. Yo obedecí. Y lleve a todos, como me ordenó.
 Era extraño yo no me había dado cuenta que una muchacha que estaba prisionera en el calabozo era casi idéntica a mi Evangelina. Las fracciones de su rostro eran casi las mismas. Me sentí mal, empecé a pensar en los momentos que había pasado junto a ella y quise salvarla. Pero me temía que no podría. Yo nunca había sido infiel a Rosas, nunca lo había traicionado. Pero mi amor hacia Evangelina era mucho más fuerte que cualquier alianza que tuviese con Rosas. En cuanto llego Rosas al monasterio quise hablar con él, pero este se negó. Y me hizo a un lado. A él solo le importaba cumplir con su ritual y poder alimentarse bien. No me prestó atención, pero yo me enfade y le grite.
-Me querías solo para eso, y ahora que lo tienes no te importa lo que pase conmigo.- Avente un vidrio contra él. Pero él se enojó y con mucha rapidez agarro el vidrio en su mano y se me acerco. Me calvo el vidrio en el brazo y me dijo:
-Me estás haciendo enojar, y yo no quiero perder el tiempo contigo Santiago.- Solo se alejó y yo trate de quitar el vidrio de mi brazo. Perdía sangre y me vende, rompí un pedazo de mi camisa y con el apreté bien fuerte en la herida. Salí al patio y encontré a una mujer muy hermosa. Ella se acercó muy deprisa y dijo:
-Estas lastimado, desde haya puedo sentir ese aroma a sangre fresca de humano.- Me asuste y trate de apartar mi brazo, para que aquella mujer no me haga daño. Evidentemente ella era un vampiro, seria tal vez la señora Samanta Blooderscon. Le pregunte y ella solo rio y dijo:
- Ha, ha, ha, preguntas si soy yo Samanta Blooderscon, y dime quien eres-Sus ojos se tornaron rojos, y me miró fijamente el cuello. Me lo tape rápidamente y dije:
-Soy Santiago de la Paz, me alegro de conocerla condesa Samanta Blooderscon. Estábamos esperando su llegada.- Ella solo me miro de reojo y se dio la vuelta. Pero yo aún seguía enojado con el capitán Rosas por haberme clavado ese vidrio en el brazo. 
Mire el reloj y solo faltan cuarenta minutos para las 12:00 am, sabía que si no me llevaba a esa niña de allí moriría. Pero como aria para salvarla, era casi imposible. Rosas era casi inmortal. Entonces empecé a recordar aquel día en el que mi capitán y yo peleamos mano a mano contra los realistas de Inglaterra. (-Fue como si hubiese sido ayer. Nosotros peleábamos por liberar a Buenos Aires de los malditos realistas, yo aún no era bueno manejando las armas. Pero Rosas me enseño y empezó la batalla. Mientras peleábamos hirieron con una bala al comandante de Ejército Facundo Quiroga, Mi capitán Juan Manuel me pidió que lo auxiliara y que lo llevase lejos de allí. Yo cumplí con su orden y lleve al comandante al cuartel general. Pero no quería quedarme a cuidarlo así que les encargue a mis hombres que se encargaran de ayudarlo. Me volví a la batalla. Había muchos muertos, tanto porteños como realistas. Y sin darme cuenta uno me ataco por la espalda, Me tiro contra el piso y me clavo una puñalada en la espalda. Yo no me podía mover y entonces llego a salvarme Rosas. Lo levanto y lo tiro contra el piso, agarro su espada y empezó a luchar con él. El realista no pudo con Rosas, y este le clavo la espalda en medio del pecho. Me levanto y me ayudo. Nos estábamos yendo cuando de atrás vino un hombre e hizo tres disparos. En ese momento mi corazón se había parado, no supe si moriría, pero no sentí dolor alguno. Pues yo no era al que habían baleado, porque mi capitán había recibido las balas por mí. El cayó en el piso y quedo inmóvil, lo sostuve entre mis brazos y el solo alcanzo a decir.
-No te preocupes por mí, yo estaré bien. Confía en mí y sal de aquí.- Solo obedecí y empecé a correr al cuartel. Cuando llegue les conté a todos sobre lo sucedido y decidimos hacer un minuto de silencio en honor al capitán Rosas, Pero de repente vimos que entraba por la puerta una figura de un hombre. Pero no podía ser él, ya estaba muerto. Cuando llego hasta donde nos encontramos, no pudimos creerlo, era Juan Manuel de Rosas. Estaba vivo. Me exalte y fui a ayudarlo. El solo pidió que lo dejaran a solas conmigo, entonces entramos en una habitación. Yo aún no podía creerlo y él sonrió y me dijo:
-Creías que había muerto, pues no Santiago, acaso te olvidas ¿que soy cas inmortal?- Me dio una palmada en la espalda y se sentó. Luego me volvió a decir:
-Ven acércate quiero que sepas algo, yo nunca se lo dije a nadie pero creo que tu mereces saberlo. Solo hay una sola forma de que yo muera. ¿Sabes cuál es? No verdad, entonces te la diré pero procura no decirle esto a nadie. Mi única debilidad son las estacas de madera bañadas en agua bendita.- Me miro y sonrió, -sé que mi secreto está a salvo contigo.-)
Yo tenía una ventaja, era la única persona que sabía en realidad la única debilidad del capitán Rosas. Y podía usar eso en su contra, para salvar a esa muchacha que me hacía recordar a Evangelina. Pero a estas horas donde encontraría una estaca de madera, y en donde podría bañarla en agua bendita. Entonces me acorde de mi amigo el Fray Francisco. Él me podría ayudar.
Salí pronto y deje a Rosas solo, le dije que no contara con migo esta vez. Me subí a un caballo y fui en busca del fray a toda velocidad, porque solo faltaban treinta minutos para las 12:00 am. Cuando llegue a la capilla, no encontré al Fray y le pregunte a unos monjes si no lo habían visto, ellos me respondieron.
-Joven, el Fray Francisco, se fue a ver a una señora que se sentía mal, y creía que su hija estaba poseída por algún demonio.- Me asombre y les pregunte  la casa de que señora y si ellos me podrían decir dónde encontrar una estaca de madera. Ellos me miraron  y explicaron:
- El fray se encuentra en la casa de la señora María Antonia, y perdone joven pero no sabemos dónde encontrar una estaca.- Se retiraron y yo fui rápido a buscar al Fray Francisco. Cuando llegue, le roge que me acompañara y que me ayudara a salvar a esas personas que eran víctimas de Rosas. El accedió a ayudarme y nos fuimos a la capilla a buscar lo necesario para matar al capitán. Le comente a mi amigo el fray acerca del plan de Rosas y el solo empezó a rezar por esas pobres personas. Le dije que necesitaba una estaca bañada en agua bendita  qué debíamos irnos pronto por que el ritual comenzaba a las 12:00 am.
El Fray saco de su habitación una estaca que guardaba para una ocasión especia, y me dijo que la metiese en agua bendita. La agarre y la metí dentro de un tacho lleno de agua bendita, entonces fue que lo mire y le dije que si él podía acompañarme. El dudo pero dijo que era mejor que estuviera ahí para llevar el poder de dios ante esos malvados demonios.
Partimos y cuando vi el reloj de la torre solo faltaban diez minutos para las 12:00 am. Debía apresurarme. El cielo se empezó a obscurecer y de repente empezó a tronar y a relampaguear. Nos acercábamos cada vez más al monasterio abandonado. El fray me decía que no temiese por que el poder de Dios nos ayudaría a vencer a cualquier ser de las tinieblas. Pero yo seguía temiendo por lo que nos pasaría. Sabía que Rosas era muy fuerte y además estaba acompañado por muchos otros vampiros que presenciarían el ritual.
Cuando llegamos entramos al monasterio y de atrás un vampiro nos atacó. El fray saco su biblia y empezó a leer. Entonces el vampiro que nos había atacado se tiro en el suelo y tapándose los oídos se empezó a derretir. El fray tenía razón, con el poder de Dios podríamos lograrlo. Al salir afuera tres vampiros se lanzaron sobre nosotros, yo desenvaine mi espada y el fray siguió leyendo su biblia. Logre lastimar a un vampiro pero sin darme cuenta uno de ellos ataco al Fray Francisco e hizo que soltara su biblia. Agarre mi espada y trate de ayudar al Fray. En cuanto se levantó un ejército de vampiros estaba frente nosotros, y al mando de ellos se encontraba Rosas. Creí que sería el fin y le pedí al Fray que pasara lo que pasara me perdonase por haberlo llevado allí.
Desenvaine mi espada y los enfrente, y detrás de mí, el fray sin que me diese cuenta saco un tarrito con agua bendita y empezó a arrojarla sobre los vampiros. Estos se quemaban. Me sentí fuerte y empecé a atacarlos. Mientras que yo atacaba a los vampiros el Fray oraba. Fue una larga lucha. De repente un vampiro se me lanzo por encima y me arrojo al suelo, pero yo puse mi espada y el cayó encima de ella clavándosela.
Había pocos vampiros y era hora de que matase a Rosas. Me acerque a él y de repente sentí que por detrás alguien me respiraba. Era un vampiro. Trate de clavarle mi espada pero fue inútil este me levanto en el aire y con mucha fuerza me arrojo hacia un granero cercano al Monasterio. Mi espada voló en sentido contrario y yo caí sobre un montón de paja. Me levante y a lo lejos vi al vampiro que me había atacado, se acercaba cada vez más rápido hasta que lo tuve frente de mí. Me pecho y caí, pero junto a mi había un arpón. Lo tome y se lo clave en la pierna, él se enfadó y se lo quito. Me levante y empecé a correr. Pero el vampiro venía detrás de mí, no sabía cómo quitármelo de encima. Entonces mientras corría me trómpese con la biblia. La tome y cuando el vampiro se me acerco se la arroje. El empezó a gritar y cayó al suelo, yo solo seguí corriendo. Cuando llegue a donde todos se encontraban encontré al Fray tirado en el suelo. Lo levante y el solo me dijo.
-Esta es tu pelea, ve y derrótalos. Yo confió en ti y sé que vas a poder vencerlos con ayuda del Señor Nuestro Dios- Se quitó su rosario y me lo dio. Cerró sus ojos y dejo de respirar. Agarre firme mente el rosario y volví a donde se encontraba Rosas.
- Muy bien Santiago, veo que aún no has muerto. Debo decir que no creía que podrías con todos. Pero pudiste y ahora solo te falto yo.- Me dijo con un tono desafiante. Se paró de su silla y se acercó por detrás. Me tomo de las piernas y me elevo en el aire. Yo me sentía cada vez más débil. Pero recordé el rosario que me había dado el Fray Francisco. Lo tome en mi mano y se lo puse en la frente. Rosas me soltó y ambos caímos al suelo. Él se lo quito y se enfureció demasiado. Sus ojos cambiaron de color, se tornaron rojos. Se acercó a mí y me tomo por el cuello, me apretó y me levanto. Sonrió y dijo:
- Te crees capaz de vencerme, pues no es así. Nunca serias capaz de hacerme daño, tu solo eres una porquería al lado mío. Pero como te atreviste a retarme debes morir. Llegaste a tu fin querido Santiago.- Me apretó más fuerte el cuello y yo con mis últimas fuerzas saque de mi saco la estaca y se la clave. El me soltó y caí al suelo, ya no tenía fuerzas pero estaba feliz porque finalmente había logrado mi cometido. Rosas empezó a retorcerse, gritaba y sin que me dé cuenta él se me acerco y me mordió en el brazo.
Al final él se desvaneció, pero yo empecé a sangrar y me sentía raro. De repente mis colmillos empezaron a crecer, me estaba transformando en vampiro. No quería ser un vampiro, pero era demasiado tarde el maldito de Rosas ya me había mordido…

 


 Capitulo XI

   Me encontraba tirado en el suelo, estaba diferente. Mi apariencia no era la de un humano. Ciertamente ya era un vampiro. Por culpa de Rosas me había transformado en un ser realmente despreciable, algo que nunca hubiese querido ser. Mi  cabeza seguía dando vueltas cuando de repente veo ante mí una mancha, no podía distinguirla. Luego mire bien y vi que era aquella muchacha que se parecía a Evangelina
Por un momento creí que estaba en el cielo con mi amada pero cuando mire mis manos me di cuenta que no. Me quería despertar de esa terrible pesadilla pero no era una pesadilla era real, yo realmente era un vampiro.
Esa muchacha se me acerco, se sentó cerca de mí y dijo suavemente.
-Gracias por salvarme, y lamento tanto que se haya transformado en un vampiro.- Me tomo de la mano y puso en ella un broche. Se levantó y se fue. Cuando mire mi mano vi un broche dorado que tenía una inicial, esa inicial era la E.
 Me quede un tiempo en el suelo, pero luego me levante y estaba decidido a quitarme la vida, ya no tenía más motivos para seguir viviendo. El reloj de la torre dio las 4:00 am. Solo faltaban dos horas para transformarme en humano. Por lo que debía apresurarme. Partí rumbo a la capilla para ver si algún monje podría ayudarme.
Cuando llegue no había nadie, pero no podía entrar allí, me quemaba los ojos cada vez que miraba esa imagen. La iglesia me hacía mal, me quitaba mis fuerzas pero debía encontrar una estaca y bañarla en agua bendita para poder clavármela y así quitarme la vida.
Cubrí mi rostro y ente, cada paso que daba me quitaba más y más la energía. Cuando llegue al cuarto del Fray Francisco empecé a buscar una estaca, no podía estar mucho tiempo allí, sería difícil mantenerme en pie si no me apresuraba. Me movía cada vez más lento y decidí abrir el ropero del Fray. Para mi suerte allí encontré una estaca con forma de cruz. Cuando la tome empezó a quemar mi mano, pero debía llevarla para poder bañarla en agua bendita.
Cuando llegue a la parte donde se encontraba el agua bendita, mis fuerzas estaban casi agotadas me caí pero seguí arrastrándome hasta la fuente donde había agua bendita. Cuando sumergí mi mano para poder meter la estaca se empezó a quemar y sentía que me quedaba sin mano. Apenas pude sacarla, no tenía fuerza para moverme y trate de hacer el último esfuerzo y clavarla en mi corazón.
Agarre la estaca con mis dos manos y con toda la fuerza que me quedaba la clave en  mi pecho, me dolió mucho pero estaba feliz de al fin acabar con esta maldición. Cerré mis ojos  deje caer mi cuerpo y morí en paz...



FIN...


Espero que Les haya Gustado!  Novela Escrita Por mi si la copian Den Créditos :D CariitoVargas.